Hermes

La figura del dios Griego Hermes es muy conocida aunque en forma incompleta, se lo reduce a un dios patrocinador de la circulación de la riqueza. En Egipto es Dyehuty (Tot en griego), creador de la palabra y dios de la sabiduría.

 

También fue el inventor de la escritura, patrón de los escribas, de las artes y las ciencias. Pero Hermes es más polifacético de lo que se cree.

 

Su pareja en el Olimpo es Hestia, ambos conforman una de las seis parejas principales que Fidias había representado sobre la base de la estatua de Zeus. Hestia es un nombre propio que designa a una diosa y también al hogar. Su relación de parentesco político con Hermes no radica solamente en ser un matrimonio, sino en las funciones complementarias de cada uno. Hestia custodia el lugar donde vive el fuego sagrado y privado de cada hogar, cuyo umbral hacia lo público el Ágora, rige Hermes.

 

Ambos pueden manipular el cetro de la asamblea soberana porque ellos mismos y el cetro, son el espacio de la soberanía. Pero Hermes es algo más sutil, es el umbral de transición y metamorfosis de la multiplicidad de sujetos en una persona, porque permite que el sonido pertinente de la máscara en su justa función, emerja a través de la trasmutación de la persona en el momento de transitar el umbral hacia el sujeto requerido. Por eso Hermes es el dios de las interfases.

 

Cada portal de una ciudad antigua estaba regido por Hermes. El dios permitía que el padre se transformara en ciudadano en el afuera público, o en extramuros se trasmutara en un guerrero y gracias a su poder transformador, volviera a la paz del hogar convertido en un dulce padre luego de participar en feroces batallas. Por eso, todos necesitamos a Hermes, sobre todo en nuestro presente, que parece exigirnos la reconstrucción de múltiples sujetos capaces de atravesar el umbral planetario hacia una nueva soberanía y una nueva política por venir.

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